Quien haya conocido a Alberto Bica, no podrá evitar que le fluyan naturalmente los recuerdos, rememorando más que nada su aspecto humano, caracterizado por la bonhomía y calidez.
Porque Alberto era así, un ser esencialmente bueno, que era algo que exteriorizaba naturalmente en el trato con los demás. Y por ello, conocerlo equivalía a sentirse su amigo, lo que se reiteraba en cada encuentro, por más que hubiera transcurrido cierto tiempo entre ellos.
Y fue inevitable también sentir una admiración especial por su entereza, cuando la cruel enfermedad hace más de quince años lo acechó.

"Alberto era así, un ser esencialmente bueno, que era algo que exteriorizaba naturalmente en el trato con los demás. Y por ello, conocerlo equivalía a sentirse su amigo"
Desde entonces dijo que tenía que aprender a convivir con ella, porque sabía que lo iba a acompañar durante el resto de los años de su vida.
Y en ello no había resignación; por el contrario, había un gran valentía para seguir enfrentando todo lo que a partir de ese momento le podría deparar, porque sentía que seguía teniendo obligaciones con sus seres queridos y consigo mismo y que su camino a partir de entonces debía ser una constante lucha hasta el final.
Sí, así era Alberto Bica. Fraterno, humano, cálido, honesto franco, dispuesto a aceptar su destino sin dobleces ni reproches.-
Desde luego que quedará en el recuerdo de los hinchas tricolores, y para la mejor historia de nuestras glorias, todo el aporte que hizo para el logro de conquistas memorables, en que, desde le línea de cal, con sus corridas imparables, con la velocidad que imprimía, con la justeza de su devoluciones y la precisión de sus centros, generalmente cabeceador por Victorino, el cambio de posiciones con el “chico” Moreira y sus llegadas al gol –porque era un puntero con gol-, fueron frecuentes armas del Nacional de Mujica y Gesto hasta llegar a la gloria suprema ante el Nothingan Forest en Japón.
Sí, así era Alberto Bica. Fraterno, humano, cálido, honesto franco, dispuesto a aceptar su destino sin dobleces ni reproches.

Jugó además en River y San Lorenzo que hoy sienten también con dolor su partida.
Pero es esencialmente el pueblo tricolor quien lo llora, porque es justo en el momento de la partida, que en el sentimiento colecto reviven los recuerdos supremos de las glorias pasadas que han engrandecido al al club y de quienes las construyeron.
Por eso, en el momento de su partida, expresamos nuestra admiración por el futbolista que nos deja, pero más aún lloramos al amigo que tanto nos brindó con su afabilidad natural.