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El recuerdo a "Pelé" por Hernán Navascues

Pelé, "el rey"

Para quienes tuvimos la oportunidad de verlo jugar desde su aparición y observamos después a todos los grandes jugadores que a partir de entonces fueron surgiendo a través de los años, no tenemos la más mínima duda: fue el jugador más extraordinario que jamás existió.

Concepto compartido por diversos analistas que, sin verlo jugar, observaron detenidamente las imágenes que han quedado grabadas de su juego extraordinario, con todo lo que creaba en el campo de juego.

Hay quienes han querido contrariar este concepto, diciendo que estaba rodeado de grandes jugadores y que Brasil, aun sin su concurso, hubiera obtenido igualmente los títulos logrados.

Eso es no tener dimensión de la historia, juzgando los hechos con una mentalidad del presente sin vincularlos con el momento en que se produjeron. Que es la mejor forma de distorsionar la historia.

"no tenemos la más mínima duda: fue el jugador más extraordinario que jamás existió"

Pero a pesar de ello, lo que la historia ha de grabar,si se escribe desapasionadamente, es que el fútbol brasilero se divide en dos partes: antes y después de su aparición.

Hasta 1958, Brasil solo contaba entre sus logros con tres títulos de campeón sudamericano y vice-campeón del mundo en Maracaná.

Tan solo un año antes, esos mismos jugadores, campeones de 1958, en el Sudamericano de Lima de 1957 perdieron goleados por Argentina y ajustadamente con Uruguay y Perú.

Era una generación de derrotados, porque casi  todos ellos habían fracasado en el mundial de Suiza en 1954, en el Sudamericano de 1956 y en el mencionado de 1957.

Para el plantel de Suecia, tan solo se agregó a él. Que llegó siendo un desconocido, porque las consideradas estrellas eran Nilton y Djalma Santos, Didí y Altafini, con su seudónimo “Mazzola”.

Ganaron a Austria, pero empataron con Inglaterra y, como la URSS, el próximo rival había demostrado gran poderío, nuevas dudas se presentaron sobre el futuro de Brasil en el torneo.

Pelé rodeado por Miguel Restuccia y Emilio "Cococho" Álvarez

"el fútbol brasilero se divide en dos partes: antes y después de su aparición"

Fue entonces que los jugadores mayores le solicitaron al técnico Vicente Feola su inclusión, junto a Garrincha, para jugar contra la URSS.

Y es así como nace el fútbol bonito.  

Dos goles de Vavá le dieron el triunfo a Brasil, y después fue él quien destrabó el partido con Gales luego de un sombrero a un zaguero.

Después tres goles a Francia en veinticinco minutos y dos más en la final, el primero luego de un doble sombrero, el mejor gol del torneo.

A los 17 años, un jugador en tan solo cuatro partidos, había hecho seis goles y dos de ellos obras de arte.

Cumplió de esta forma la promesa que le hizo a su padre luego de Maracaná, que le iba a traer el título de campeón mundial.

Promesa que hizo a los diez años y que demoró tan solo siete en cumplir. A partir de entonces, quien había llegado como un desconocido, se transformó en la mayor atracción futbolística del mundo.

Jugaba con dominio de ambas piernas, tenía un drible incontrolable que utilizaba siempre para atacar, se elevaba y  quedaba suspendido en el aíre e inventó algo que nunca más nadie repetiría: la pared contra la pierna del adversario que le permitía escapar de toda marca por más pegajosa que fuere.

Obsérvese el gol a Italia en México, cabeceando hacia abajo suspendido en el aire, como modernamente solamente Cristiano Ronaldo pudo hacer, y creaba con la misma maestría que Maradona o Messi, conjuntando las mismas virtudes que para igualarlas, se necesitaría acumular las de varios posteriores grandes jugadores.

Todo reunido en un solo jugador

inventó algo que nunca más nadie repetiría: la pared contra la pierna del adversario que le permitía escapar de toda marca por más pegajosa que fuere

Jugó en un fútbol violento en que fue permanentemente perseguido.

Lo lesionaron de consideración más de una vez; lo sacaron de dos mundiales, pero al final volvía para nuevamente maravillar.

Los propios futbolistas argentinos que lo apreciaron jugando contra él, o lo observaron en su tiempo, no dudaron en afirmar, despojados de todo falso sentimiento nacionalista  para decir su verdad, que fue el más grande. Juicios de Di Stéfano, Menotti, Basile, Bochini, Woll, Pefumo, Alonso ,Gatti, y varios más, como el periodista Fernando Niembro.

Y si estas afirmaciones producen dudas, solo pido una cosa: que quienes duden observen sus goles en Suecia, tengan en cuenta en que partidos los hizo y para que fueron decisivos.

La  calidad excelsa en el logrado ante Gales y sobretodo, el del doble sombrero a  Suecia. Y piensen que eso lo hizo un chico de 17 años.

En esas condiciones, ¿alguien podrá repetirlo a esa edad, para otorgar a un país frustrado el título de campeón mundial?

Para transformarse después en un campeón que, superado ese complejo, volvería serlo otras cuatros veces más y ser el más laureado hasta ahora. Por eso tenía y tiene razón Gatti: “insuperado e insuperable.

Hasta las estrellas en el firmamento llega un momento en que se extinguen, pero dudo que la suya se extinga jamás.

¡Hasta siempre, Rey!

                                                                     Hernán Navascués