Pasar al contenido principal
Contáctenos
hacete hincha oficial, gratis aquí
sponsors oficiales

El equipo multidisciplinario de Nacional: Desde abajo y en todas las canchas.

La responsable del grupo interdisciplinario Tricolor es la Psicóloga Verónica Tutte, Damián Benchoam es el profesional a cargo de Primera División, Federico del Negro de 3ª y 6ª División, Cecilia Guerra de 4ª y del Plantel Femenino, Milagros Algorta de 5ª y Valentina Martins de 7ª. Guillermina Moreno se ocupa de todas las divisionales de Básquetbol y el Club Social, los Trabajadores Sociales son Patricia Romero y Diego Gonzo, a ellos se suman tres estudiantes de la Maestría en Psicología de la salud y del deporte de la Universidad Católica (UCU) que hacen su práctica. 

Gran parte del equipo se reunió en el Gran Parque Central para hablar acerca del abordaje que hace el club en esta materia y como fue evolucionando con el tiempo. Los mismos respondieron preguntas y también intercambiaron impresiones entre ellos sobre diversos desafíos que van desde recibir año a año a la nueva camada de jóvenes de formativas, a conocer cada historia personal de los deportistas. También reflexionar sobre el impacto que causó este año una situación inédita y sumamente dolorosa, como la pérdida de Juan Izquierdo.  

El primer paso lo dio Verónica en 2006. Volvió de su maestría en España y tras ser presentada por un colega que dejaba su cargo en el club, comenzó a trabajar desde la séptima división.

En 2007 empezó el convenio con la UCU y fueron llegado los estudiantes, entre ellos Damián Benchoam. En paralelo Patricia Romero pudo concretar su interés de colaborar con el Club y empezó su tarea el área social. Paso a paso y desde cada lugar, fueron tejiendo esta red de apoyo a la estructura de juveniles, con el respaldo de los responsables del área en diversas etapas -Daniel Enriquez, Roberto Roo y Sebastián Taramasco-. Al repasar el camino recorrido Verónica reivindica que “No hay ningún club en el Uruguay que tenga este tipo de equipo disciplinario”.

Mirando desde aquel 2006 hasta ahora. ¿Ven que hay todavía un camino para recorrer o se entiende que es una estructura ya consolidada?

Verónica Tutte: Para mejorar siempre hay. Sí es cierto que esto no es común y tener tantos agentes de salud hace que la estructura sea muy firme. A tal punto que, con todas las situaciones adversas que han pasado, al tener psicólogos y agentes de salud en cada categoría no corremos de atrás. Se hace alguna actividad que interpreta o que responde a cada hecho, pero no salimos con un matafuego a apagar incendios porque ya hay un trabajo preventivo.

Sí es cierto que hay más déficit en otros deportes, porque muchas veces nos centramos en Nacional y su fútbol masculino. Hay otras realidades -como formativas de básquet o femenino- donde tenemos solamente a una psicóloga y cubrimos con los estudiantes de maestría que vienen. Para mejorar hay que atender y desplegar esto hacia los otros deportes.

Esta excepcionalidad que marca Nacional ¿puede ser una guía para otras instituciones?

Guillermina Moreno: En formativas de básquetbol solamente Nacional tiene psicólogo. Sí hay en equipos de primera e institucionales en clubes. Pero que estén en las formativas, no. Nosotros logramos tener mucha más cercanía con las familias, hacer talleres, que chiquilines del interior puedan venir y que tuvieran una alimentación saludable. Yo creo que sí, que es un modelo en un montón de aspectos.

¿Cómo es el abordaje desde el trabajo social?

Patricia Romero: Por ejemplo, me encargo a inicio de año en cada periodo de pases, de las entrevistas domiciliarias a todos los nuevos ingresos que hace el club. Con Diego Gonzo nos ocupamos de la inserción educativa de los chiquilines que son residentes. Este año empezamos desde la pre-séptima a hacer entrevistas, porque más o menos, solo de séptima hay un promedio más o menos entre 40 y 45 deportistas que ingresan por año. Vamos primero a los que ya sabemos que son fijos y que van a ser residentes, que para nosotros se llevan un montón de atención. Y después, con menos apuro, generamos los informes de los chiquilines que están a préstamo en otros clubes para el cuerpo técnico.

Diego Gonzo: Yo estoy encargado de la residencia donde alojamos a 40 deportistas, desde séptima a cuarto. Además, la residencia oficia de comedor para otros 40 jugadores de distintas categorías y también basquetbolistas.

¿Encontraron resistencias hacia su trabajo o vieron que hubo buena aceptación?

Patricia Romero: Ha habido etapas. Abordajes dentro del club que no incluían a la psicología como una rama de la salud. Mucho menos pensarse, por ejemplo, en un trabajador social.

Damián Benchoam: Para un chico que viene de formativas, un psicólogo en Primera es algo normal. Para ellos hablar con el psicólogo es algo totalmente natural. Porque se entiende que es un agente de salud. Entonces, esa transición habla de una estructura sólida. Muchos chicos que empezaron en séptima han visto pasar a otros psicólogos y han visto tener instancias de trabajo de la parte de salud mental, entrenamiento psicológico. Hoy, la figura del psicólogo es una figura normal dentro del club. O sea, yo a veces puedo faltar por unos días y los jugadores me dicen ¿qué pasó que faltaste? Te tienen presente.

Yo tengo presente de haber hablado en otros lugares donde decían: los jugadores de la mayor no necesitan porque ya están hechos. Y no. Lo necesitan. Hay muchas cosas en la vuelta: las presiones, la exposición, muchas cosas que ellos enfrentan; salen de juveniles y pasan a ser figuras públicas. Entonces, eso de que están hechos, no. No están hechos. Empiezan a vivir una realidad totalmente diferente.

Verónica Tutte: Algo estratégico fue que Damián, o cualquier psicólogo que se incorporara a Primera, no fuera parte del cuerpo técnico, sino que esté integrado al equipo médico, al equipo de sanidad. Porque cuando un cuerpo técnico trae a un psicólogo, primero es visto en general por los deportistas como alguien que responde al entrenador. Entonces, ahí es muy estratégico eso. Él va a mantenerse independientemente si los resultados no se dan. Eso cambia la visión hacia una de cuidado de la salud y no del resultado.

Damián Benchoam: Y cambia la visión del deportista también. Porque el deportista al verte de ese lado te toma como que vos sos parte de su núcleo. Entonces vos podés tener un trabajo continuo, lo podés ir entendiendo, lo vas trabajando. Eso es un lugar de contención. Entonces pasas a tener otro tipo de relación, de confidencialidad, porque esto se basa en confianza. Y termina siendo un elemento central en formar parte de la sanidad. Ya por ese solo sentido, entonces los jugadores ya se sienten cuidados en lo que es la parte de salud mental.

Guillermina hizo el apunte sobre el trabajo con las familias. ¿Cómo se realiza?

Guillermina Moreno: Sí. Desde hace tres años lo que hacemos (en el básquetbol) es arrancar el año con los padres. Incluso hasta cuando los chiquilines tienen 17 o 18 años. Para poder conocerlos y presentarles el protocolo o el proyecto de los que vamos a trabajar durante el año; nuestras reglas y sobre lo que vamos a apuntar según cada categoría. Es también mostrarles a los papás lo que nosotros en realidad esperamos según la edad que está atravesando cada chiquilín, porque va a ir cambiando eso. Y eso nos ha dado pila de cercanía. Porque también no nos encontramos solamente en momentos difíciles o en momentos que de repente ellos tienen algo para quejarse. También hacemos tres boletines anuales donde les hacemos como una devolución de cómo viene el año y el entrenador también ahí se puede acercar para tratar sobre lo que están esperando de ellos. Y eso está relindo, porque de repente aquellos que no juegan tanto o que no tienen tanta participación son mirados y atendidos.

Diego Gonzo: Nosotros ahí tenemos un trabajo bien complejo porque la edad legal para venir a Montevideo a vivir a la residencia es desde los 13 años. Pasamos a ser los referentes de 40 chiquilines que están acá, muy lejos de su hogar. Patricia hace un primer contacto con las familias, recorre todo el país, conoce a las familias. Entonces cuando un chiquilín viene a Montevideo para quedarse ya tengo una idea de cómo funciona su familia.

Los de preséptima van viniendo durante el año, mientras me interfiera con lo académico. Se quedan acá un fin de semana, una semana. Entonces el proceso de adaptación es mucho más fácil, porque uno de los problemas que teníamos nosotros era la deserción. Hoy hemos logrado que la deserción sea cero. Que los que están en la foto del principio del año se ven al final. Es como nuestro mayor logro.

¿Dónde está el mayor desafío? ¿el exitismo, la competencia, si juego o no juego? ¿O son cosas más propias de la vida diaria, de su etapa de maduración?

Federico del Negro: Partimos de la base de que están en una etapa de formación. Como deportistas y como personas. En séptima son 40, 45 que arrancan el año, pero capaz que a Primera llega uno, dos o capaz que alguno más en una muy buena categoría. Entonces, estamos hablando que es un proceso de formación humana. Es integral. Esto también depende de cómo se triangula la información. Porque si Patricia se entera de algo, nos comunica a nosotros, nosotros trabajamos con ellos desde Los Céspedes. Pero a su vez se está trabajando desde la residencia.

Patricia Romero: Se los decimos desde el día uno: ustedes no son jugadores de fútbol; ustedes son deportistas en formación, como son personas en formación y estamos acompañando ese proceso. Y le agregamos como el otro desafío, que es acompañar todo el proceso de inserción educativa. En la primera entrevista ya podemos tener un primer diagnóstico de cuáles son las expectativas de esa familia con respecto a qué esperan. A veces pasa que te dicen “él tiene que jugar al fútbol, él está para la pelotita…” Y nosotros acá hacemos como todo el trabajo inverso. Necesitamos sostener procesos educativos porque para ellos el plan B es el fútbol, pero sabemos por los números, para la mayoría no va a ser el plan A.

Verónica Tutte: Lo que también hay que entender es que son 18 años de trabajo y que los paradigmas fueron cambiando. Primero fue solucionar problemas, porque nadie nos traía a los gurises. Con el tiempo fue cambiando, al punto que en una de nuestras discusiones era a quién atendemos: al 1% que llega o al 99% que no. Ahí fue cuando cambiamos y dijimos vamos a acompañar al 99% que no van a llegar. Es un concepto japonés que es el ‘Ikigai’… es el propósito de vida y hace años que nosotros venimos trabajando sobre el propósito de vida.

Damián Benchoam: Empezamos a trabajar mucho más esto de hábitos, de habilidades blandas, del esfuerzo, de la disciplina, los hábitos saludables… Terminó llegando gente de una categoría que nunca había ganado, pero que le dio muchos jugadores a la Primera División de Nacional. Fue como un golpe de realidad: acá lo importante es la formación del jugador, en que se ha disciplinado. Tenemos jugadores en Europa que hasta cuarta división eran suplentes. Fue mutando a partir del resultado de mucho trabajo, de acompañar procesos deportivos y extradeportivos. Con el jugador y con los entrenadores. Hablar con ellos y dialogar; muy a nivel interpersonal, un trabajo muy humano.

Verónica Tutte: Somos equipo con ellos también (los entrenadores). Cuidamos muchísimo la relación. Y también hago otro apunte. Todas las directivas, nos conocieran más o nos conocieran menos, nos dejaron trabajar.

Patrica Romero: Y una cosa que creo que ha sido de mucho amor y de respeto. El vínculo entre nosotros nunca ha sido ni de competencia, ni de amenaza, ni de nada. Siempre fue un vínculo como muy fluido, muy cuidado. Esto ha sido un equipo que sostiene.

Damián Benchoam: Porque los cambios culturales, si no son aceptados por la gente que te da confianza para que sean así, no se pueden hacer. Y la verdad es que se confió, se trabajó, se dio un resultado y se siguió. A veces esas resistencias, que son normales, son también como un mecanismo de defensa que tenemos en situaciones desconocidas.

En agosto se vivió una situación muy excepcional y trágica por la muerte de Juan Izquierdo ¿Cómo los sintieron y cómo evaluaron la respuesta que hubo que dar?

Verónica Tutte: Bueno, a ver… fue como diferentes líneas. La primera situación fue atender a la familia y a sus compañeros. Y ahí tengo que decir que Damián tuvo una tarea heroica, porque nosotros no estamos preparados para atender temas de duelo y la muerte. Nosotros somos agentes de salud para optimizar variables. O sea, optimizar habilidades. No somos clínicos.

Damián se fue a Brasil a acompañar esa situación tremenda. Él fue y encaró apagar el incendio más grave. Acá hubo muchas respuestas que dar y activar muchas redes, con al Mutual, la UCU… solos no podíamos. Esto era enorme. Fue cuestión de dividir tareas, abordar el tema con las familias y los deportistas en general. La Mutual puso a disposición el programa Mental Care, a servicio de todo Nacional. Hubo actividades con funcionarios de los tres lugares de trabajo (GPC, Los Céspedes, Residencia). También con familiares de algunas personas. Hubo talleres sobre duelo; a nivel psicológico y como transitarlo. También se trabajó con sanidad de juveniles en talleres de RCP.

Patricia Romero: Sosteniendo el sentir de las familias de los gurises, que también son deportistas. Porque surge la duda ¿cómo sé que no le va a pasar? Hubo mensajes con los grupos de padres entendiendo que si algún chico quería se fuera a la casa. Si ellos estaban viendo algo más, que lo manifestaran. Removió mucho las historias personales.

Damián Benchoam: La viví de distintos lados. En Brasil éramos cuatro personas junto a la familia, con Sebastián Eguren, Alejandro Balbi y Fernando Brusco. Y se trabajó en equipo, funcionando como sostenes emocionales. Generando redes de contención interna y externamente. Y aquí Los Céspedes era nuestro lugar, con todos pasando por la misma situación también familiarmente, porque así nos movió. El sentido fue generar esa red de contención emocional. Generar herramientas entre los jugadores para que se apoyaran entre ellos. Nos tenemos que contener entre nosotros, hablar de cómo nos sentimos. Acá teníamos que hablar de lo que sentimos, para empatizar y contener. Y a la larga fue a nivel institucional, de todo el club.

Verónica Tutte: La comunicación siempre fue coordinada con el equipo de salud mental. Y se manejó con gran respeto. Con la experiencia acumulada, Nacional pudo responder por lo humano. Porque todos sabíamos quien podía ser nuestro referente. No estábamos preparados para esto, pero supimos a quien recurrir. Mucha gente empezó a querer ayudar. Y eso fue increíble.

Damián Benchoam: El lugar de seguridad era Nacional. Acá lo vivimos, acá lo sentimos. Acá nos sentíamos cómodos. Donde queríamos estar era en Los Céspedes. Para poder ser quienes éramos. Y esto habla del trabajo a nivel institucional, lo que se ha creado. El sentimiento de pertenencia, de que Nacional es un lugar cuidado.